domingo, 15 de noviembre de 2009

¡Gracias Señor por tanto amor!

¡Quién puede afirmar que nunca en la su vida sufrió! tan igual como reímos... hay veces en la que hemos llorado... Lee esta historia que bien podría ser la tuya o la mía...

Una noche en sueños vi que con Jesús caminaba junto a la orilla del mar bajo una luna plateada. Soñé que veía en los cielos mi vida representada en una serie de escenas que en silencio contemplaba.

Dos pares de firmes huellas en la arena iban quedando mientras con Jesús andaba como amigos conversando. Miraba atento esas huellas reflejadas en el cielo pero algo extraño observé y sentí gran desconsuelo.
Observé que algunas veces al reparar en las huellas en vez de ver los dos pares, veía sólo un par de ellas.
Y observaba también yo que aquél solo par de huellas se advertía mayormente en mis noches sin estrellas. En las horas de mi vida llenas de angustia y tristeza cuando el alma necesita más consuelo y fortaleza.
Pregunté triste a Jesús: “¡Señor, Tú no has prometido que en mis horas de aflicción siempre andarías conmigo…?Pero noto con tristeza que en medio de mis querellas cuando más siento el sufrir veo sólo un par de huellas.
¿Dónde están las otras dos que indican Tu compañía cuando la tormenta azota sin piedad la vida mía?


Y, Jesús me contestó con ternura y comprensión;
“Escucha bien, hijo mío, comprendo tu confusión. Siempre te amé y te amaré, y en tus horas de dolor siempre a tu lado estaré para mostrarte Mi Amor. Mas si ves sólo dos huellas en la arena al caminar, y no ves las otras dos que se debieran notar, es que en tu hora afligida, cuando flaquean tus pasos, no hay huellas de tus pisadas porque te llevo en Mis Brazos”.

¡Gracias Señor, por amarnos de esa manera!

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